Durante muchos años, hablar era mi manera de sentirme segura. Me esforzaba por tener respuestas, por decir algo útil, por llenar el silencio antes de que alguien pensara mal de mí. Pero hubo un momento en el que ya no pude seguir sosteniendo ese ruido mental. Este es un escrito honesto sobre cómo pasé de hablar para demostrar mi valor a descubrir la libertad —y el alivio profundo— de simplemente escuchar.